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Las mareas del tiempo

Con más de 60 edificios protegidos, el Monte Saint-Michel y su espléndida bahía se han ganado merecidamente su puesto en la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. La isla, situada a 600 metros de la costa francesa, conforma una bonita estampa. Los muchos peregrinos que acudían a su abadía solo podían hacerlo cuando la marea estaba baja. Cuando la marea subía, debido a las olas y sus frías aguas, la isla se volvía inaccesible. El monte no se pudo conquistar durante la guerra de los Cien Años y, gracias a esta impenetrabilidad, la abadía sirvió luego de prisión.

Desafiando la gravedad

El monasterio que se alza en lo alto de la colina de esta isla medieval es el tipo de edificio que te imaginarías rodeado de dragones volando y relámpagos bifurcados. Parece que desafíe la gravedad, y aunque ahora solo atraiga a turistas armados con sus cámaras de fotos, en su día fue una de las mayores destinaciones del peregrinaje europeo. Situado en la bahía donde Bretaña se une con Normandía, este fantástico lugar recoge numerosas leyendas, una de las cuales relata que, en el año 708, el mismísimo arcángel Miguel ordenó la construcción de la abadía.

Marisco de altura

No solo deberías dedicarle tiempo a la abadía en el Monte Saint-Michel. Las delicias culinarias locales incluyen grandes sorpresas, como las tortillas esponjosas que se han convertido en la especialidad de la isla. Los monjes las engullían en su día como premio por ser una comida rápida y sustanciosa que podían permitirse antes de que subiese la marea y los dejase aislados. El cordero en la isla es especialmente bueno, ya que lo alimentan con la hierba de agua salada de la isla, mientras que los surtidos de mejillones y marisco se venden por doquier.

Qué hacer en Le Mont-Saint-Michel durante 3 días

Abadía del Monte Saint-Michel

Este lugar Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO es el mayor atractivo del Monte Saint-Michel. Con 20 habitaciones que explorar, jardines de gran belleza y vistas panorámicas sobre el mar y el cielo, es una pieza majestuosa de la historia francesa, y puedes pasar horas explorando la abadía, ya sea solo o con una visita guiada gratuita. Tan pronto como en el año 708 se convirtió en lugar de peregrinación de los monjes medievales, que empezaron a construir la abadía en el siglo X. Cuanto más temprano llegues, mejor. Es un lugar muy visitado, especialmente en verano.

El claustro

La construcción del claustro del Monte Saint-Michel comenzó en 1228, con las aspiraciones del arquitecto Thomas des Chambres de construir un símbolo perfecto de la vida monástica. El mismo sería un lugar de meditación o de reflexión personal con vistas ininterrumpidas sobre el cielo. En 1878, las columnas calizas importadas de Inglaterra se reemplazaron por otras que permitían una mejorada visión al exterior. Las vistas ahora se dirigen hacia la arena y el mar en lugar de al cielo. Algunos dirán que esto es mejor para las fotos, algo que a los monjes no les preocupaba demasiado.

Terraza del oeste

Parte de la visita guiada, pero se merece un poco de tiempo extra, ya que las vistas desde este punto se asemejan a una pintura impresionista. Tómate tu tiempo cuando subas o cuando bajes de la abadía para disfrutar de unos momentos mágicos de contemplación panorámica. Si tienes suerte podrás ver el reflejo del monte en el agua, con la marea baja, el reflejo de la luna y algún que otro valiente paseando sobre la arena mojada. De cualquier manera, conseguirás fotos excelentes.

Parada en Rennes

Si piensas parar en Rennes de camino al Monte Saint-Michel, encontrarás un laberinto de calles con encanto que explorar, además de una amplia variedad de tiendas y cafés. Incluso la oficina de turismo de la capital bretona es una antigua capilla, que también aloja una exposición permanente sobre la historia de la ciudad. Merece la pena la visita. Explora el Parlamento de Bretaña y asómbrate con la arquitectura de la Place de la Mairie, el Palacio de Comercio o los Champs Libres.