¿Alguna vez has tenido una fiesta de cumpleaños tan buena que has hecho la solemne promesa de que un día crecerás y lo harás el resto de tu vida? Pues bien, cuando Greg Irons visitó Bonorong a los siete años, hizo precisamente eso.
Ahora que Greg es el dueño del negocio, ha pasado de ser un parque tradicional de animales salvajes de los años 80 a un innovador santuario de animales salvajes que pretende devolver al medio ambiente de Tasmania y ser algo más que un simple escaparate para los visitantes.
Eso no quiere decir que no vayas a ver montones de animales australianos y especies endémicas de Tasmania, sino que también puedes disfrutar sabiendo que tu entrada al Santuario de Vida Silvestre de Bonorong está ayudando a rehabilitar en lugar de sólo entretener.