Casa Macchi es un bonito edificio provinciano que se alza a la sombra del campanario de la iglesia de un tranquilo pueblo a pocos kilómetros de Varese, Morazzone. No hay nada extraordinario en este lugar, ni en el jardín, ni en la arquitectura, ni en la decoración o el mobiliario, ni finalmente en los objetos o en la historia de sus habitantes. Sin embargo, la primera visita aquí satisface, porque hay una fascinación indiscutible en penetrar en un mundo que fue, conservado hasta en sus más mínimos detalles, congelado en el momento del abandono -que parece casi sigiloso, repentino e inevitable-, y que aún huele a vida cotidiana, a la cafetera dejada sobre la estufa o a la pipa dejada sobre la mesa entre los sillones del salón.